El nuevo riesgo de la era de la inteligencia artificial no está en el código. Está en el clima.

Mientras Wall Street sigue debatiendo si la inversión masiva en infraestructura de inteligencia artificial va a generar los retornos que el mercado está descontando, hay un riesgo que ha empezado a aparecer en los informes de las aseguradoras y los analistas de riesgo climático sin que reciba todavía la atención que merece: el clima extremo se está convirtiendo en una amenaza estructural para los centros de datos que sostienen toda la economía digital.

Esta semana, mientras una ola de calor histórica golpeaba Europa, las grandes tecnológicas libraron una batalla silenciosa para mantener operativos los chips que alimentan sus modelos de inteligencia artificial. No es un problema anecdótico ni aislado a una sola región. Es una tendencia que la industria aseguradora ya está cuantificando con cifras muy concretas.

Lo que dicen los números

Zurich, una de las aseguradoras más importantes del mundo en construcción de infraestructura, confirmó que el clima severo se convirtió en la principal causa de pérdidas dentro de su portafolio de seguros para centros de datos en construcción en Estados Unidos durante los últimos tres años, representando hoy un tercio de todas sus pérdidas en ese segmento. Patrick McBride, jefe de construcción internacional de la firma, lo resumió de forma directa: el clima severo dejó de ser un riesgo de fondo que se puede ignorar.

Un estudio reciente de la firma de análisis climático First Street, que evaluó 97 mercados globales de centros de datos, encontró que el 79% de toda la capacidad mundial de estas instalaciones enfrenta riesgos elevados ante eventos climáticos agudos como inundaciones, vientos extremos e incendios forestales. Más de la mitad de esa capacidad además está expuesta a estrés climático crónico. El impacto financiero proyectado no es menor: investigadores del Foro Económico Mundial calculan que estos riesgos climáticos podrían generarle a la industria de centros de datos pérdidas acumuladas de $3.3 billones de dólares para 2055, con el calor extremo como el principal factor, equivalente a cerca del 10% del valor total de estos activos.

Por qué el calor es un problema doble

El mecanismo detrás de este riesgo tiene una lógica perversa que vale la pena entender. Mishal Thadani, CEO de la plataforma de software Rhizome, lo explicó con precisión: el calor extremo presiona simultáneamente a los centros de datos y a la red eléctrica de la que dependen. La refrigeración representa aproximadamente el 40% del consumo energético de un centro de datos en condiciones normales, y ese porcentaje se dispara durante las olas de calor, justo en el momento en que el uso masivo de aire acondicionado en hogares y oficinas está presionando al límite la misma red eléctrica.

El resultado es que estas instalaciones necesitan más energía exactamente cuando la red tiene menos disponible para ofrecer. Y la escala del problema no es trivial: cada una de estas instalaciones puede consumir tanta electricidad como cien mil hogares juntos.

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El caso de Turín, en Italia, ilustra el problema con claridad. Una ola de calor en mayo llevó la ciudad a temperaturas cercanas a los 38 grados centígrados, sometiendo a los cables subterráneos a un estrés térmico que provocó apagones repetidos, antes incluso de que se agregara la carga adicional que representan los centros de datos a esa misma red.

Un problema que se agrava con la propia expansión del sector

Hay una ironía adicional en todo esto: la forma en que la industria ha decidido expandirse está amplificando su propia exposición al riesgo. Según datos de Zurich, el 64% de la capacidad de centros de datos actualmente en construcción se está ubicando fuera de los corredores tradicionales como el norte de Virginia, expandiéndose hacia mercados denominados de frontera, como el oeste de Texas, Tennessee, Wisconsin y Ohio. Estas regiones, atractivas por el menor costo de la tierra, enfrentan amenazas climáticas propias como tornados, granizo y vientos fuertes, además de contar con menos historial de datos climáticos extremos precisamente porque estuvieron poco desarrolladas hasta ahora.

El contexto en el que ocurre todo esto hace la situación aún más relevante para los mercados financieros. Solo en 2026 las mayores empresas del mundo que operan centros de datos han comprometido al menos $750 mil millones en el sector, comparado con $450 mil millones el año anterior, dentro de una proyección de más de $3 billones en inversión de capital durante los próximos cinco años, según Moody's. Es decir, el capital que sostiene buena parte del rally tecnológico de los últimos dos años está siendo desplegado hacia infraestructura cuya resiliencia climática todavía no ha sido sometida a una prueba real a gran escala, hasta este verano.

Cómo está respondiendo la industria

Las grandes tecnológicas no están ignorando la señal. Microsoft confirmó a CNBC que diseña sus centros de datos para operar de forma confiable en un rango amplio de condiciones ambientales, combinando selección estratégica de ubicaciones, sistemas redundantes y monitoreo en tiempo real. Nvidia ha respondido actualizando su tecnología de refrigeración. Y proveedores de sistemas de climatización como Johnson Controls confirman que, por primera vez, clientes europeos están solicitando que sus especificaciones incluyan explícitamente un factor de cambio climático en el diseño de sus instalaciones.

Joe Macejak, líder de infraestructura digital en Marsh Risk, planteó el asunto en los términos más directos posibles: ya no se trata de si el riesgo climático va a impactar la revolución de la infraestructura digital, sino de cómo la industria logra identificarlo, cuantificarlo y gestionarlo. Su advertencia final es la que más debería resonar entre los inversionistas que han impulsado este ciclo: una gestión deficiente de estos riesgos amenaza directamente la estructura de capital que está financiando toda la revolución de los centros de datos de inteligencia artificial.

Conclusión para un inversionista

El mercado lleva meses obsesionado con preguntas sobre la demanda de chips, los márgenes de las grandes tecnológicas que operan la nube y la velocidad de adopción empresarial de la inteligencia artificial. Esta semana el clima añadió una variable que hasta ahora había recibido relativamente poca atención en el análisis financiero del sector: la resiliencia física de la infraestructura que hace posible todo lo demás. A medida que las aseguradoras empiecen a cobrar más caro por el riesgo y los costos de protección climática se incorporen a los modelos financieros de estos proyectos, esta consideración probablemente empezará a aparecer con más frecuencia en los reportes de resultados de las compañías que lideran esta construcción.

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