La guerra entre Estados Unidos e Irán regresó con fuerza. Y el mercado tiene que procesarlo todo de nuevo.

El acuerdo de paz que el mundo celebró en junio duró exactamente lo que muchos analistas advertían que duraría. Esta semana, el mismo día en que Apple estrenaba a su nuevo CEO, el Comando Central americano anunció nuevos ataques sobre objetivos de los Guardianes de la Revolución iraní alrededor del Estrecho de Ormuz, en respuesta a lo que describió como intentos de Irán de colocar minas marinas en el Estrecho y un ataque con misiles contra una base americana en Jordania. Trump lo llamó en redes sociales "grande y poderoso" y advirtió que si Irán retaliaba, el golpe siguiente sería "a un nivel mucho más duro y alto." Irán respondió declarando una "operación decisiva" y apuntando con misiles y drones contra bases y aliados americanos en la región. Un petrolero fue alcanzado por tres proyectiles mientras transitaba por el Estrecho el lunes. Explosiones fueron reportadas en varias partes del sur de Irán esta madrugada.

El conflicto que Trump prometió terminar en cuatro semanas cuando comenzó en febrero lleva ahora siete meses activo, con el Estrecho de Ormuz oscilando entre apertura parcial y cierre total dependiendo de la semana. La economía global ya absorbió los primeros seis meses de ese impacto. Lo que viene ahora es diferente porque el mercado ya no tiene el beneficio de la sorpresa. Ya sabe lo que ocurre cuando el Estrecho se cierra. La pregunta que todo inversor tiene que responder esta semana es cuánto más puede aguantar la economía americana si esta escalada se extiende.

Lo que está pasando exactamente en el Estrecho de Ormuz

El Estrecho de Ormuz es una franja de agua de apenas 33 kilómetros en su punto más angosto, ubicada entre Irán y Omán. En condiciones normales por ahí pasa aproximadamente el 20% del petróleo y el 17% del gas natural que se comercializa en el mundo. No hay alternativa logística viable para esos volúmenes. Los oleoductos alternativos que existen en Arabia Saudita y los Emiratos tienen capacidad para redirigir una fracción de ese flujo pero no el total. Cuando el Estrecho se cierra o se vuelve peligroso para los buques, el suministro global de energía se contrae de forma inmediata.

La nueva táctica que Irán intentó esta semana, colocar minas marinas flotantes en el Estrecho, es especialmente preocupante porque a diferencia de los ataques directos a buques, las minas crean un riesgo permanente que persiste incluso después de que termina el ataque. Un campo de minas en el Estrecho puede forzar el cierre del tráfico marítimo durante días o semanas mientras se realiza el dragado y la limpieza, independientemente de si hay una tregua activa o no. CENTCOM destruyó 16 embarcaciones iraníes que estaban siendo usadas para colocar esas minas. Pero la sola posibilidad de que haya minas en el agua es suficiente para que los operadores de buques reduzcan voluntariamente el tráfico por seguridad.

El petróleo ya está reaccionando y lo hará con más fuerza

El Brent subió 3.8% hasta $91.40 el lunes cuando comenzaron los primeros reportes de la escalada. El WTI americano llegó a $86.58, también con un alza de casi 4%. Al momento de este artículo el petróleo continúa subiendo con cada noticia que llega del Estrecho.

Para dimensionar hacia dónde puede ir el precio si la escalada se profundiza, vale la pena mirar lo que pasó en los momentos más graves del conflicto. En marzo, en las primeras semanas de la guerra, el Brent superó los $115 por barril. En abril, cuando el Estrecho operaba al mínimo histórico del 5% de su capacidad, el Brent tocó $117. Esos niveles implicarían una subida de entre 28% y 30% desde los precios actuales si la situación se deteriora a los niveles del primer trimestre.

Goldman Sachs actualizó esta mañana su modelo de precios y proyecta que si el Estrecho vuelve a operar por debajo del 30% de su capacidad durante más de dos semanas, el Brent puede superar los $100 por barril y el WTI puede llegar a $95. Si el conflicto escala hasta el nivel de daños a infraestructura energética de la isla de Kharg, el mayor punto de exportación de petróleo de Irán que Trump ya amenazó con atacar, los modelos de Goldman apuntan a entre $110 y $120.

El Secretario del Tesoro Bessent dijo esta semana en la reunión del G20 que el Estrecho de Ormuz se volverá "inútil" para Irán dentro de dos años, refiriéndose a los planes americanos de desarrollar rutas alternativas de suministro energético. Es una declaración de intención de largo plazo. El problema es que el corto plazo no tiene esa solución disponible.

Lo que esto significa para el dólar

El dólar tiene una dinámica compleja en este conflicto que no sigue la lógica simple de que la guerra siempre fortalece a la moneda del agresor. En las primeras semanas del conflicto en febrero y marzo, el dólar se fortaleció como refugio clásico de valor. Pero desde junio, cuando el acuerdo de paz temporal se firmó, el dólar perdió fuerza a medida que la inflación cedía y el mercado descontaba recortes de tasas de la Fed para el segundo semestre.

Con la escalada de esta semana, el dólar va a recuperar fuerza en el corto plazo por dos razones simultáneas. La primera es el flujo de refugio: en momentos de incertidumbre geopolítica aguda, el capital global vende activos de riesgo y compra dólares como protección. La segunda es que la inflación que genera el petróleo caro aleja los recortes de tasas de la Fed, y tasas altas relativas son positivas para el dólar frente a otras monedas cuya banca central tiene más margen de movimiento.

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Para los mercados emergentes, especialmente en América Latina, un dólar más fuerte tiene consecuencias directas. Los países que deben en dólares ven aumentar el costo real de su deuda. Los que importan petróleo pagan más tanto por el crudo como por la divisa en que lo compran. Y el flujo de capital que en agosto estaba llegando a mercados emergentes buscando rendimiento puede revertirse hacia activos americanos de menor riesgo.

La inflación americana en este escenario

La inflación en Estados Unidos ya estaba en 3.2% al cierre de agosto después de haber bajado desde el 4.2% del pico del conflicto. Ese progreso puede revertirse rápidamente. El componente de energía del índice de precios al consumidor responde de forma casi inmediata a los movimientos del petróleo porque la gasolina que los americanos compran en los surtidores sigue en tiempo casi real el precio del crudo. Si el Brent supera los $100 de forma sostenida, el precio de la gasolina en Estados Unidos que bajó desde sus máximos de más de $5 por galón hacia $4.20 puede volver a acercarse al pico histórico antes de que termine el año.

Eso tiene consecuencias directas para la Reserva Federal que son exactamente lo opuesto a lo que el mercado descontaba hace dos semanas. Jackson Hole el viernes pasado fue interpretado como una señal de que la Fed podría recortar tasas en noviembre. Con petróleo por encima de $90 y subiendo, esa ventana se cierra porque la inflación tiene que bajar consistentemente antes de que Warsh pueda justificar un recorte. Si el petróleo llega a $100 y la inflación de septiembre que se publica en octubre vuelve a subir por encima del 3.5%, el escenario de recorte de tasas en 2026 desaparece completamente y la posibilidad de una subida regresa a la mesa de forma muy concreta.

Los tres escenarios para el mercado esta semana y las próximas

El primero y más optimista es que la escalada de esta semana sea un episodio contenido. Irán retaliará de forma limitada para no perder credibilidad doméstica, Jordania y los aliados americanos interceptarán esos ataques, y se abrirá un canal diplomático nuevamente a través de Qatar o Pakistán que produzca algún tipo de entendimiento en los próximos días. En ese escenario el petróleo puede estabilizarse en el rango de $88 a $93 y los índices pueden digerir el impacto sin una corrección mayor. Es el escenario que el mercado está intentando descontar esta mañana con moderación en las pérdidas.

El segundo escenario es de escalada sostenida durante dos a cuatro semanas. Irán cierra el Estrecho de forma efectiva, los buques dejan de transitar por seguridad, el petróleo supera los $100 por barril y la inflación americana empieza a revertir la baja de los últimos meses. En ese entorno el Nasdaq, que fue el gran beneficiado de las semanas de relativa calma después del acuerdo de junio, es el índice más vulnerable porque sus múltiplos de valoración dependen de las expectativas de recortes de tasas que se alejan con cada dólar que sube el petróleo. El Dow Jones tiene algo más de resiliencia relativa porque sus componentes industriales y de defensa se benefician del contexto de conflicto activo.

El tercer escenario es el que el mercado más teme y que la amenaza de Trump de atacar la isla de Kharg hace más real que en cualquier momento anterior del conflicto. Si Estados Unidos ataca directamente la infraestructura energética de Irán, el mercado de petróleo global entra en territorio que ningún modelo histórico puede calibrar con certeza porque nunca ocurrió a esta escala. El Estrecho podría cerrarse completamente durante semanas. El Brent podría superar $130. Y las consecuencias para la economía global, especialmente para los países asiáticos como China, Japón y Corea del Sur que dependen críticamente del petróleo del Golfo Pérsico, podrían desencadenar una desaceleración económica global que llegaría a los mercados americanos de formas que van mucho más allá de la inflación de gasolina.

Lo que el inversor tiene que tener en el radar esta semana

Los activos que funcionan como refugio en este entorno son los mismos que funcionaron en el primer trimestre. El oro, que ya está por encima de los $3,500, tiene espacio adicional si la escalada persiste. El dólar se fortalece como moneda de refugio. Las acciones de defensa, Lockheed Martin, Northrop Grumman, Raytheon, se benefician directamente de un contexto donde el gasto militar americano en la región aumenta. Las empresas de energía americanas, ExxonMobil, Chevron, ConocoPhillips, se benefician de precios del crudo más altos sin el riesgo geopolítico directo que tienen los productores del Golfo.

Los activos más vulnerables son los semiconductores y la tecnología de alto crecimiento donde el mercado había descontado tasas más bajas para finales de año. Las aerolíneas vuelven a estar bajo presión con el combustible de aviación subiendo. Las empresas de consumo discrecional con márgenes ya presionados tienen otro factor negativo encima. Y cualquier empresa con exposición significativa a Europa, que importa una fracción importante de su energía del Golfo y que ya sufrió los primeros meses del conflicto de forma severa, puede ver sus proyecciones de demanda revisadas a la baja.

El mercado abre esta semana con siete meses de guerra en el balance y con la certeza de que el acuerdo de junio no fue el final. Es el momento de volver a lo fundamental: vigilar el petróleo como el termómetro más preciso del riesgo geopolítico, seguir al dólar como el indicador de flujo de refugio, y usar el VIX para calibrar cuánto del riesgo real ya está descontado en los precios actuales.

La relación entre petróleo y Nasdaq que analizamos tantas veces en este portal sigue siendo la brújula más confiable disponible. Cuando el WTI supera los $90 de forma sostenida, el Nasdaq tiene dificultades para subir porque la cadena de consecuencias inflacionarias que genera ese nivel de precios presiona las expectativas de tasas de la Fed. Esa relación no cambió con el verano de relativa calma. Esta semana simplemente nos recuerda que nunca desapareció.

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